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MESTIZAJE Y
CLASES SOCIALES EN LA ÉPOCA DE LA COLONIA
La dominación
española después de la Conquista abarcó todos los aspectos de la vida
cotidiana. Una vez consolidado el dominio político, los peninsulares también
impusieron su forma de vida y sus costumbres en la sociedad colonial. Como en
todas las sociedades con diferencias de clase, la discriminación y los
conflictos de intereses creaban enfrentamientos entre las diversas capas sociales.
La movilidad de la sociedad colonial fue prácticamente nula, debido a que los
grupos jerárquicos fueron muy cerrados y limitaron su acceso a personas con
distintas características étnicas y económicas. Mestizaje es el
encuentro biológico y cultural de etnias diferentes, en
el que éstas se mezclan, dando nacimiento a nuevas etnias y nuevos fenotipos.
Se utiliza con frecuencia este término para describir el proceso histórico
sucedido en Iberoamérica
que la llevó a su estado racial y cultural actual. Sin embargo, puede también
referirse a otros pueblos que hayan atravesado un proceso de encuentro entre
varias etnias.
El sistema
económico y el mestizaje contribuyeron a la formación de una clara brecha entre
los españoles y el resto de la comunidad.
Este proceso ha sido definido como uno de transculturación,
que ha definido la identidad latinoamericana. El proceso de mestizaje
en América Latina se
originó con la llegada de los europeos al continente y subsecuentemente de los esclavos africanos que vinieron con ellos. En este encuentro de culturas
surgieron varios tipos de mestizos:
Mestizos: mezcla de indígena y europeo
Morisco: mezcla de mulato y europeo
Cholo: mezcla de
mestizo e indígena
Mulatos: mezcla de
africano y europeo
Zambo: mezcla de africano con indígena
Castizo: mezcla de
mestizo con europeo
Criollo: españoles nacidos en los territorios Americanos
El mestizaje ha sido uno de los temas fundamentales en los continentes
americanos pero especialmente en América Latina. Esta característica de
fusiones culturales, ha sido acogida en las últimas dos décadas para explicar
el fenómeno de la pluralidad en Iberoamérica. Así mismo, esta misma ideología
le ha dado fuerza a la teoría de que detrás de la percepción de la sociedad
como producto del mestizaje existe un fenómeno enmascarado de racismo y exclusión. Este último punto se refleja en el hecho que estudios
recientes tienden a llamar la atención sobre la necesidad de reformar el
derecho para poder hacer frente a una realidad antes inexistente o ignorada: la
pluralidad de la sociedad.
La idea del mestizaje, según algunos estudiosos, ha sido utilizada por
los gobiernos y las élites latinoamericanas para ocultar indicios de discriminación racial y racismo en el continente. Durante el periodo colonial, las clases
sociales eran las siguientes:
Españoles. Ocupaban
la cúspide de la pirámide social. Tenían derecho a ocupar los cargos públicos
de mayor importancia. Eran dueños de grandes extensiones de tierra y de numerosos
esclavos.
Criollos. Eran hijos
de los españoles y habían nacido en América. La mayor parte de ellos eran
comerciantes o hacendados. Su acceso a cargos políticos o de administración
colonial era limitado, lo mismo que el ingreso al ejército. Podían ingresar a
la vida religiosa, pero sin aspirar a ocupar altos cargos en la jerarquía
eclesiástica.
Mestizos. Fueron el
producto de la mezcla racial entre blancos e indígenas. Eran artesanos,
pequeños comerciantes y minifundistas. Su acceso al clero estaba permitido,
pero siempre ocupaban los cargos más bajos dentro de la jerarquía.
Indígenas. Después de
la conquista, los indígenas quedaron relegados al papel de encomendados y
mitayos. Habitaban los resguardos y eran legalmente libres; sin embargo, su
condición social y racial no les permitía el acceso a los beneficios de las
clases sociales más altas.
Negros, mulatos y
zambos. La mayor parte de estos grupos raciales eran esclavos y trabajaban en
las minas y las haciendas. El mulato, provenía de la mezcla racial del blanco y
el negro. El zambo, provenía de la mezcla entre indígena y negro.
EDUCACIÓN Y CULTURA
Sólo unos pocos sabían leer y eran todavía menos
los que habían logrado superar este nivel. Dado que el indio no era otra cosa
que un objeto de explotación, se consideraba inútil enseñarle cosas distintas
de la obediencia absoluta al rey, a su amo y a las demás autoridades, y a pagar
sus diezmos, sin lo cual su salvación no sería posible. “Por lo demás, el indio
no sabía distinguir la mano derecha de la izquierda, no conoció jamás escuela.
En el colegio las clases eran en latín enseñaban literatura, filosofía,
teología, la medicina, el derecho civil y canónico todo se tenía que memorizar
En cuanto a las masas criollos pobres, mestizos
etc. las escuelas eran escasas, mal dotadas y peor servidas
La educación de los niños de estos sectores era
encomendada a personas de escasa formación, que muchas veces emprendían la
docencia sólo para tener un precario ingreso que apenas les permitía subsistir.
Los colegios, por su parte, no eran más que seminarios eclesiásticos en los
cuales resultaba imposible adquirir una formación práctica; y en las
universidades bajo un régimen excesivamente rudo las mentes de los estudiantes
eran alimentadas con ideas inútiles muy alejadas de los problemas reales
Únicamente los hijos de los grandes comerciantes,
de los hombres de negocios y de los funcionarios públicos podían recibir alguna
educación, aunque elemental. El estudio de la lengua española era considerado
una pérdida de tiempo.
Tras varios años de estudios formales, los estudiantes
eran incapaces de expresarse con propiedad en su propia lengua. Como lo observó
un eminente y culto venezolano de la época, M. J. Sanz: “terminan con la ilusión
de que la totalidad de las ciencias están contenidas en la Gramática Latina de
Nebrija, la filosofía de Aristóteles, las Instituto de Justiniano, la Curia
Philippica y los escritos teológicos de Gonet y Larraga”Semejante tipo de
educación hizo que la juventud sintiera que no existía trabajo importante fuera
del sacerdocio, la jurisprudencia o la carrera militar —o en última instancia—,
en la obtención de puestos como los de notario, escribano o dependiente. La agricultura
y los oficios manuales eran despreciados y se les consideraba indignos. La
educación de aquellos años reflejaba las desigualdades sociales del régimen colonial.
A los jóvenes se les educaba de acuerdo con la clase social a la cual
pertenecían, y las ventajas de haber nacido noble o de ser descendiente de las
familias al servicio de la Iglesia o del gobierno, agudizaban aún más las
diferencias de clase España y la Inquisición trataron de borrar de las mentes de
los súbditos coloniales y de los ciudadanos de la Madre Patria, muchas de las
nuevas ideas. Las obras de Bacon, Galileo, Descartes, Newton y Leibniz fueron
prohibidas. Incluso los estudios de danza, esgrima, música y artes se ignoraron
en los colegios. A las mujeres no se les instruía siquiera en las artes o en el
desempeño social. Sin embargo, era imposible excluir del todo las ideas del
momento. Los libros entraban de contrabando y eran leídos con avidez, e incluso
algunos funcionarios exhibían actitudes ilustradas a comienzos del siglo XIX
hubo varios adelantos importantes en la educación. Mutis fundó en Bogotá el observatorio
astronómico, el único de su especie en el mundo. Allí se ofrecieron clases de astronomía,
dibujo, botánica y de otras ciencias naturales. Cristiano Valenzuela enseñó en secreto
en el observatorio los principios de las ciencias naturales. En Caracas, el
padre Sojo —tío materno de Simón Bolívar comenzó a dar clases de música
En 1802 don Bernardo Anillo dirigió en Bogotá el
primer colegio de física y matemáticas de la Nueva Granada, y Jorge Tadeo
Lozano con el arzobispo Fernando Caycedo y Flórez, fundaron las primeras
cátedras de química y mineralogía en 1804
Todos aquellos que tenían la posibilidad de
estudiar y recibir las nuevas obras de Europa, consideraban sus lecturas un
acto revolucionario. Encontraban que la filosofía y la revolución eran
inseparables, pues el gobierno español había hecho del saber un contrabando y
un monopolio
Establecimiento de un sistema nacional de
educación: 1820-1826 Problemas a comienzos de la República La nueva República
enfrentaba la doble tarea de establecer un sistema educativo que fuese gratuito
e igual para todos, además de extensivo a la nación. En lugar de delegar el problema
en las autoridades locales, el gobierno asumió la solución con leyes de cubrimiento
nacional.
Se contaba con los colegios fundados en la Colonia,
pero dado que la educación elemental había sido descuidada, la tarea más ardua consistía
en crear y sostener escuelas gratuitas para todas las clases sociales. Respecto
al proceso educativo, dirigido a preparar adecuadamente a los jóvenes para vivir
bajo un nuevo tipo de gobierno y recibir de él el mayor beneficio posible, era necesario
borrar la vieja filosofía educativa colonial de las escuelas. La formación
tenía que cambiar. Había que poner énfasis en la educación práctica en lugar de
las enseñanzas monacales de la Colonia. Había que inculcar en la juventud la
idea de que todas las profesiones y oficios eran dignos, además de instruirla
en los derechos y deberes de ciudadanos de un país que aspiraba al progreso. Y
las mujeres, que en la era colonial escasamente aprendían a leer y a escribir,
debían ser educadas para que pudieran alcanzar un lugar adecuado en la sociedad
distinto al de virtuales esclavas en el cual se encontraban.
Como era de esperar, los obstáculos geográficos
obstaculizaban la difusión del conocimiento. En los diez años que siguieron a
la declaración de la Independencia, hubo poca actividad educativa. La mayoría
de los educadores y pensadores estuvieron comprometidos con la Causa de la
libertad, y algunos de los más prominentes —Camilo Torres, Francisco José de
Caldas, Joaquín Camacho, Frutos Joaquín Gutiérrez y José Acevedo y Gómez—,
entregaron sus vidas en la lucha. Las aulas permanecieron virtualmente
desiertas, y si bien se hicieron algunos esfuerzos en Bogotá por erradicar las
antiguas ideas y prácticas coloniales, el intento tuvo en realidad poco éxito. Los
niños indígenas debían ser educados en las mismas condiciones que los niños
blancos
LAS PRIMERAS LETRAS.
La educación que recibieron los habitantes de las colonias en América dependió
absolutamente de su posición en la sociedad. Indígenas y mujeres fueron los
grupos menos privilegiados. Saber leer y escribir no era frecuente en la
sociedad de Charcas entre los siglos XVI y XVIII. La educación no era laica ni
obligatoria, y la mayor parte de los beneficiarios eran los hijos de los
funcionarios estatales y vecinos acomodados de las ciudades; es decir que la
educación fue un privilegio para las élites de la sociedad.
Por lo general, la
enseñanza de las primeras letras se impartía en los hogares por medio de
maestros particulares o en casas de discípulos auspiciadas por los cabildos;
estas últimas estaban dirigidas por religiosos. Una vez que aprendía a leer y
escribir en su lengua materna, el estudiante empezaba el aprendizaje del latín,
fundamental para el desarrollo intelectual, pues en este idioma se escribían
muchos textos literarios, filosóficos y científicos y se dictaban las clases en
la universidad.
La educación de las
mujeres y los indígenas. Durante los tiempos coloniales, las mujeres fueron
consideradas menores de edad, dependiendo en todos los casos de un varón, sea
éste el padre, el esposo o los hijos. No existieron escuelas para mujeres. El
único espacio en el cual algunas privilegiadas podían aprender algo era el
convento, pero a él accedían sólo quienes pertenecían a los sectores
acomodados.
En general, la
educación de la mujer española y criolla se dio en las casas y se dirigió a
proveer rudimentos de lecto-escritura y cálculo y algunas destrezas domésticas
(costura, bordado). Algunas pocas aprendían baile y algo de música instrumental
y vocal.
La educación del
indígena en las tierras altas se limitó exclusivamente a la enseñanza oral del
catecismo y de algunas oraciones. La excepción fueron los hijos de los
caciques, que asistieron a la escuela de caciques emplazada en el Cusco. En
ella, aprendían lectura, escritura, cálculo, canto, gramática y latín.
Los libros llegaban
para la élite de la sociedad: religiosos, funcionarios estatales y algunos
profesionales que poseían bibliotecas privadas. La mayor parte de los textos
eran de carácter religioso, aunque había libros de historia y derecho. Éstos
llegaban de España y debían vencer la censura de la Iglesia y de la Corona, ya
que existía la prohibición de importar aquéllos que atentaran contra la moral de
la población.
La publicación de
libros escritos en América fue escasa. La primera imprenta del Virreinato del
Perú se estableció en Lima en 1584 con el fin de publicar catecismos en
castellano, quechua y aimara; en 1570 el dominico fray Tomás de San Martín
escribió el primer libro de gramática y vocabulario quechua.